Posteado por: diegocm | diciembre 17, 2008

Sensacion de conducir un Porsche.

second-drive-porsche-boxster-rs60-spyder_74909_17Probar un Porsche siempre es un motivo de satisfacción. Para empezar, no todos los días se tiene una maravilla como ésta entre las manos para regocijo propio y envidia de extraños; el único problema es que el espacio que tengo para escribir las sensaciones que me ha transmitido el Boxster S 252 CV se queda bastante pequeño. En fin, resignación.

http://menudoscoches.wordpress.com

 

Lo que tampoco ocurre todos los días es que un magnífico piloto, Ismael Clemente, campeón del Campeonato Madrileño de Karting, pruebe al alimón con el abajo firmante. Pues no era cuestión de perder tan magnífica oportunidad de disfrutar como un chaval con zapatos nuevos. Este roadster de 252 caballos de potencia, un auténtico purasangre y cuyo mayor calificativo queda reflejado en el titular que encabeza este reportaje.

Sensaciones de competición
Subirse a un Porsche es hacerlo a una de las mejores marcas de competición que ha dado la historia del automovilismo. Sentir el rugir de su motor es trasladarse a tantos y tantos circuitos de los que ha salido con la corona de laureles. Trazados como Le Mans, Daytona, Spa, Assen y muchos otros han sido testigos de sus victorias. En ese sentido, el de las sensaciones puras y duras, el Boxster no defrauda. Sus 252 CV son una maravilla y lo son por como los entrega, con rabia, con fuerza instantánea, es como si de repente, al pisar la chancleta, te pegara un empujón un Miura de 600 kilos, ¡bestial! Para Ismael Clemente, que pilotó el Porsche en el hermoso puerto de La Lancha, ‘la enorme entrega de su potencia le vuelven selectivo y muy exigente e incluso delicado si no sabemos controlar sus reacciones, que son tremendas, aunque para contrarrestarlas está el control de tracción’.

Estéticamente, el Boxster S es prácticamente igual que su hermano pequeño de tan sólo 200 CV. Tal vez lo que mejor expresa el enorme atractivo del roadster alemán es la cachonda propuesta que hizo un cachondo en Sevilla, proponiéndome quedarse con el S a cambio de su familia, ‘¡con mi suegra y to!’, me dijo el agradecido yerno, tentadora oferta que rechacé por problemas de conciencia.

Lo que ha cambiado son el bastidor, más reforzado, la suspensión, con amortiguadores y barras estabilizadoras de nuevo cuño, al igual que los brazos transversales de la suspensión trasera, elementos que le dan una mayor rigidez y efectividad. También los frenos son diferentes, habiéndose escogido los del Carrera 2, elección de lo más acertada según Clemente: ‘Uno de los puntos fuertes del coche, pues lo detiene con una seguridad y firmeza propia de automóviles de competición’.

 

El interior es made in Porsche. Esto es, ambiente deportivo, con cuadro de mandos presidido en el centro por la gran esfera del cuentavueltas -es la misma instrumentación que la del Carrera 2-, pocos espacios para guardar objetos, ausencia de guantera, efectivo climatizador y unos asientos que, para mi gusto, sujetan poco debido al estrecho respaldo que no permite encajar la espalda -os aseguro que no soy ningún Rocky-. El habitáculo resulta un tanto pequeño, notándolo más el acompañante que el piloto por aquello de que aquél no conduce, obviamente y por lo tanto no puede abstraerse a las pocas concesiones que el S hace a la comodidad. Es un deportivo, y como tal el confort no es su fuerte, aunque el conductor, concentrado en disfrutar de tantas emociones, prácticamente ni se entera de lo dicho anteriormente ni tan siquiera de que lleva acompañante. La postura de conducción, con las piernas estiradas, volante vertical y los pedales que permiten hacer el punta/tacón, además del preciso manejo de la palanca de cambios, que cumple nuestras órdenes con ligeros toques de muñeca, es la idónea para sacar todo el sabor a este maravilloso deportivo. Una de las ventajas que tiene respecto a la competencia, que no son otros que el Mercedes SLK, BMW Z3, Audi TT y Toyota MR2 -aunque entre éste último y el Boxster hay una diferencia de ¡112 caballos menos!, el concepto roadster los une -, es que el Boxster S, al llevar el motor central -por delante del eje trasero-, tiene dos maleteros, delante y detrás -cuya apertura, al igual que la del depósito de combustible, se realiza desde el interior-, aunque tampoco es para tirar cohetes, pero dos son dos y lo que no te cabe en uno lo metes en el otro. La capota es de funcionamiento eléctrico, y basta con apretar un botón para, en pocos segundos -menos de lo que tarda en ponerse verde cualquier semáforo-, descubrirlo o capotarlo.

 

Pero lo verdaderamente atractivo, además de novedoso, es el propulsor. De 6 cilindros opuestos, 3.179cc, un par de 31,1 mkg a 4.500 rpm, y gestión electrónica, los 252 caballos dan para ir al Rocío y repartir jacos a los rocieros. Tiene unos bajos tan excepcionales, que permite circular en ciudad, de atasco en atasco, con marchas largas sin temor a que se nos cale o de tirones. Y en cambio, si queremos sentirnos Schumacher, entonces agarrate los machos, porque la bestia se transforma dando paso a una máquina de competición, en la que prima la fuerza y las prestaciones de primer nivel, gracias también al cambio de seis marchas preciso y de fácil manejo. Entonces, cuando esto es así, cuando quieres emular al campeón alemán, mejor concentrate en lo que llevas antes de que te dé algún susto. El susto te lo llevas también cuando pasas de las 5.000 vueltas. Mil revoluciones antes, el Boxster ya tira como un poseso, pero no es hasta llegar a esas revoluciones cuando escuchas un sonido fuerte y poderoso, el típico sonido Porsche que te trasporta a alguno de los circuitos antes mencionado.

 

Para Ismael Clemente, ‘el S te da confianza nada más subirte en él. Es una máquina maravillosa, pero luego, a medida que lo vas probando y haciendo kilómetros, te das cuenta también de que es exigente, aunque ese punto va en consonancia con lo que le demandemos. En conducción rápida, el S se sujeta y mucho. Parece un tren que se mueve por raíles, pues no hay nada, o casi, que le haga perder la compostura y por lo tanto la estabilidad. Las curvas las sortea como algo natural, admitiendo los trayectos serpenteantes de montaña y con un paso por curva im-presionante‘. Pero ahí, en curvas, tal como decía anteriormente, hay que tener cuidado con la gran potencia del S y la tracción central -aunque sigo diciendo que es más trasera que otra cosa-. Si nos metemos en trayectos serpenteantes, y anulamos el control de tracción, tenemos un coche con el que saldremos cruzados de cada curva, así de bestia es su potencia. Para que esto no ocurra, debemos ser suaves con el pie derecho y llevar activado el control. En caso contrario, habrá que estar atento a las derrapadas para corregirlas de inmediato contravolanteando. Una vez lo consigues, es de los más divertido, pero recuerda, prudencia en la carretera.

La ventaja de Porsche, respecto a otros modelos de marcas diferentes, es que, y tal como cito más adelante, admite una utilización diaria. Digamos que el Porsche es, dentro de los coches superdeportivos, un automóvil que admite un uso diario. Su magnífico par motor, la elasticidad del mismo y la suavidad de funcionamiento, le permiten incluso arrancar en tercera sin que se nos cale. Además, y debido a su prudente distancia al suelo, nos permite circular por todo tipo de asfaltos y trazados sin que nos dejemos los bajos. Y lo que resulta más decisivo a la hora de la compra, es que su fiabilidad no tiene nada que ver con, por ejemplo Ferrari. Los modelos del Cavallino Rampante son rápidos, espectaculares y, sobre todo, míticos, pero son vehículos delicados, que pierden enseguida la puesta a punto y, por lo tanto, con constantes ingresos en el servicio oficial. Además, y por si esto fuera poco, el consumo del Porsche nada tiene que ver con los de Ferrari. Efectivamente, en los muchos kilómetros -más de 1.000- que le hice al S, la media fue de ¡12,6 litros a los 100 km! Poquísimo para un automóvil en el que lo difícil es ir despacio y siempre con el pie apretado hasta salirse por el otro lado -me refiero al pie derecho, claro está-.

Al final, lo que queda son las impresiones de haber conducido una máquina bestial, capaz de satisfacer al conductor-piloto más exigente. En este sentido, Clemente no resta elogios al S, ‘un deportivo de ensueño, si duda, que me deja una impresión tremendamente positiva y satisfactoria, tanto que es difícil explicarlo con palabras’, asegura el joven piloto. Y una máquina de ensueño como ésta tiene un precio acorde con el sueño que se vive cada vez que te subes en ella. ¿Vale realmente los cerca de diez millones de pesetas que cuesta? Cuando pruebes uno de éstos ya me lo contarás. Mientras, soñemos todos juntos.

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